¿Respetar la legalidad?

Decía el otro día la vicepresidenta en funciones que "hay que respetar la legalidad siempre." Una idea que seguramente esté muy extendida y que a mí me hizo saltar del asiento. ¿Hay que obedecer las leyes? La primera ley escrita que se conserva de una sociedad avanzada (más o menos) es la ley de Talión, que muchos aún respetan con cruentos resultados. Pero no hace falta remontarse al siglo XVIII antes de Cristo. El pasado 1 de octubre se cumplían 97 años de la famosa huelga de la Canadiense, desmedida y brutal para los medios de comunicación de la época, violenta en verdad. Esos obreros, antepasados nuestros, no se creyeron que debían agachar la cabeza y respetar la legalidad que permitía oprimirlos duramente; se alzaron contra la violencia de sus patrones, contra el ejército y contra el terrorismo de Estado para conseguir algo normal en nuestros días: la jornada laboral de ocho horas. Gracias al valor de gente como ellos a día de hoy vivimos mejor. ¿Hay que respetar la legalidad siempre? 

La calvicie llega

La calvicie llega
a las más frondosas copas,
y los restos de los árboles deshojados
amarillean, se secan,
se parten
bajo los pies de los caminantes.

El frágil manto otoñal cubre
del frío al césped.
Empiezan las toses,
la rutina,
las alarmas,
las noticias,

la melancolía,
las citas,
la poesía (¿cuándo se fue?)
Sí, así es:
llegó el otoño.












































Lectura

Me parece maravilloso que una persona pueda emplear su tiempo libre en leer las reflexiones de un desconocido; esto quiere decir que los pensamientos más personales e internos de alguien pueden ser tan universales como para hacer pensar a otro sobre ellos. Incluso a través de los siglos... Es una bonita manera de conectar dos personas, interactuar, por lo que una obra escrita cambia mucho con el tiempo y con sus lectores: desde interpretaciones diversas hasta el cajón del olvido pasando por la gloria del Parnaso.
Realmente, en las mentes inquietas no caben las ideas de Parménides; en las mentes curiosas caben las ideas Parménides, Heráclito y cualquier otro, pero eso no garantiza su supervivencia. Las mentes abiertas son incapaces de mantener unas ideas fijas; como la filosofía de Heráclito, los pensamientos se basan en el continuo movimiento, el conocimiento perpetuo, el cambio. En las mentes clarividentes entra cualquier idea, pero prácticamente ninguna de ellas es eterna, y lo mismo que yo pensaba hace unos días puede ser opuesto a lo que opino hoy. Si queremos, podemos adentrarnos en el río del conocimiento, cuyas aguas cambian a cada momento.
Pero para ello es necesaria la lectura. Por todo ello os pido: leed. Todo lo que leáis es poco.

A tu lado

Pasear en el ocaso;
bañarnos en las mansas aguas
del Duero;
recorrer villas y caminos,
con más ganas a
cada kilómetro;
quedarnos dormidos
tras los ardores del amor;
escuchar de la mano
Tristán e Isolda
y abrir entre lágrimas los ojos,
cuando acaba
para darnos un beso;
llegar tarde a todas las citas
por el ansia
de querernos,
del último abrazo,
del "hasta pronto";
Todo, mi amor,
todo es más intenso
a tu lado.

¿Qué te pasa, Europa?

Los antiguos y grandilocuentes dioses han caído en desgracia. Amodorrados, se aburren en su mítica morada entre las nubes, viendo eternamente la vida pasar. Hace tiempo que fueron olvidados, menospreciados, ridiculizados; pero siempre conservaron algo de su poder. Ahora, miran con desgana la tierra que ya nunca les devuelve la mirada. ¿Nunca? Los ojos de miles de niños que conservan su inocencia siguen reflejando el cielo en su sencilla plegaria, esperando que los dioses resuelvan los males que los hombres desoyen. En medio de la fría y desoladora noche, buscan con la mirada puesta en las estrellas algo de calor, algo de comprensión. 
    Los antiguos dioses hace tiempo que no se alimentan del culto de los mortales; únicamente consiguen de vez en cuando expresar sentimientos, servir de metáforas o ayudar a los símiles de algunos poetas que intentan que no se borre su recuerdo. El presente escritor es uno de aquéllos que buscan su amparo para contar algo. Esta vez, los inmortales no pueden hacer nada por esos ojos infantiles que les imploran ayuda; pero sí pueden darles voz a través de mis teclas. Y mientras unos pueblos egoístas se separan en la adversidad, levantan barreras, dan la espalda... otros pueblos necesitados buscan un hogar muy lejos de aquél que la violencia y la incomprensión les destrozó. 
    Hoy más que nunca Europa debe demostrar su generosidad ante la desgracia, mantenerse unida contra la guerra, el horror, el racismo y la incomprensión, contra lo inhumano. Porque si es inhumano suicidarse en nombre de un dios que algunos creen violento y sectario con la finalidad de matar a más gente inocente, también lo es alzar alambradas y concertinas ante quienes huyen de la barbarie. 
    ¿Qué Europa es ésta defensora de las libertades que permite impasible que se menosprecie, odie y se abandone a su incierta suerte a tantas personas que lo han dejado todo porque nada les quedaba y han arriesgado su vida buscando hacerla mejor? ¿Podemos sentirnos dignos herederos de quienes escribieron y firmaron los Derechos Humanos ante este otro trato inhumano?

¿Qué te pasa, Europa? ¿Vas a dejar pervertirte por un insolente toro?

Sinfonía nº9 - L. v. Beethoven

Días para el recuerdo

El afán y las ganas de aventuras nos llevaron a querer celebrar nuestros cumpleaños viajando, con el formato usual y económico de coger la carretera y visitar nuestro patrimonio cercano. Una avería en la ventanilla de última hora nos impidió ver Tordesillas, así que tomamos rumbo hacia San Cebrián de Mazote, un pueblo donde difícil sería, arrimado a una tapia, que nadie metiera el brazo por el hueco de la ventana y abriera el coche. Amplísima se nos presentó, tras pasar por el contraábside semicilíndrico y de bóveda de horno en ladrillo, la Capilla Sixtina del mozárabe. Nos perdimos por un momento entre sus altas columnas, cada una diferente, pasando bajo los arcos de herradura y la cubierta de madera, sorprendiéndonos con cada juego espacial y volumétrico de la iglesia.
        Después tomamos de nuevo carreteras de curvas y altibajos para llegar al monasterio de la Santa Espina, que no visitamos por no tener dónde aparcar el coche con la ventanilla bajada. Retomamos el camino, esta vez hacia Urueña, la primera villa de España.

Sobre un de la inmensa llanura
dominante altozano
presidía la villa medieval
todo a su alrededor.


No contento con las carreteras comarcales, en cuanto veía un camino de tierra que llevaba a quién sabe dónde me metía por él, hacia lo desconocido. Así fue como entramos en la Villa del Libro por una inclinadísima cuesta de arena, casi por la puerta de atrás, con tal inclinación que veíamos el horizonte del revés y en cualquier momento parecía que el coche no daría para más y caeríamos de nuevo hacia abajo.
De la mano nos adentramos en las milenarias murallas, recorrimos mil veces las estrechas calles y visitamos cuanto el tiempo nos permitió: el museo de la fundación Joaquín Díaz, con interesantes grabados de vestidos castellanos tradicionales, instrumentos antiguos y una exposición que explica la evolución del gramófono; la ermita de nuestra señora de la Anunciada, una maravilla única por ser románico lombardo, sólo conservado en el antiguo reino de Aragón; y exploramos el pueblo.

Subimos a las pétreas murallas.
Y dominamos con la
mirada
el Mar de Castilla:
los campos amarillos,
verdes,
pardos;
los pueblos cercanos y lejanos;
lejanas montañas…
A lo lejos,
una nube de polvo indicaba
cosechas de cereal.

Junto a arruinados castillos
gritaba nuestro amor:
¡Victoria!
Aviones ocultándose en las nubes,
bandadas de chillonas palomas,
las ruinas del castillo,

el cielo azul,
besos,
risas,
todo cabe
tumbados los dos en
único abrazo
junto al foso hecho estanque.

En mi vida he visitado muchos monumentos, ciudades, museos o edificios (aunque menos de los que quisiera) y lo he hecho con varios acompañantes: familiares, amigos, compañeros… Ahora lo hago con mi novia; y he de decir que con nadie congenié tan bien para cosas como éstas. Los dos nos detenemos a leer todos los textos que nos exponen e incluso libros a mayores antes de la visita, estudiamos sin prisa y con agrado lo que vemos, nos aventuramos con una sonrisa hacia lo ignoto, disfrutamos con las mismas cosas…
También soy consciente de que, cuanto más estudio y más visito, más analizo y reconozco algunas cosas, sintiendo que sé algo y alegrándome cada vez por ello. Un ejemplo es reconocer señales históricas en un plano (me encanta el urbanismo) o predecir que esa laguna junto a ese castillo debió ser un foso. Cosas tan sencillas que antes no sabía ver y ahora que sé hacerlo me llenan de gozo exento de vanidad. Y, desde luego, cualquier conocimiento que tenga estoy deseando de extenderlo y compartirlo con quien quiera, ya sea escribiendo o contándoselo a mi novia (me encanta enseñarte cosas, profesora).
El día acabó subidos en un monte, al otro lado de Urueña, al que llegamos como no podía ser de otro modo aventurándonos por caminos de tierra, contemplando cómo los últimos rayos del sol iluminaban sus cenicientas piedras. Por mucho que vimos, nos faltaron mil cosas que visitar (ni siquiera compramos libros). Así que el regreso es obligado. Esta pequeña y emocionante excursión fue la última de vacaciones; ahora es difícil compaginar horarios, pero en cuanto nos coincidan volveremos a la carga en busca de nuevos rincones que visitar y de los que aprender. Y que sea así por mucho tiempo, que hay mucho que ver y no hay mejor compañía. 




 







































Beso

Ese mágico momento
en que se unen nuestros labios,
cuatro,
haciendo un único,

uno,
delicioso,
irrepetible beso.

Tu boca abierta
es como una bellísima flor
carnívora;
yo quisiera en ella posarme,
entrar, libar su miel;
y sin miedo vuelo hasta ella.

Confiado hasta tus labios
planeo, y me
dejo engullir por ellos;
me dejo llevar por
la ternura,
el calor,
la suavidad,
tus mordiscos...
Y por más que
me agite,
me revuelva,
te devuelva besos,
mordiscos,
caricias, abrazos;
siempre caigo rendido
entre tus tramposas redes
de amor.