Para ti

Nunca entenderé
la fuerza del recuerdo.
Pasar por sitios donde estuvimos juntos.
Pensar en aquel día de lluvia en que
nuestro labios se unieron por primera vez.
Beso húmedo, ardiente pasión.
Y escuchar esas canciones
pensar...
Pensar en aquellas tardes
En aquellos besos
En aquellas caricias
En tus labios, tu pelo
Tus manos frías en mi cuerpo caliente
Pasar por esa parada de bus
Por ese bar
por ese rincón
Por tu portal
Me hace pensar
Con una sonrisa en la boca
En cuando mis manos abarcaban tu inmensidad.
Y en tu sonrisa
Típico, ¿verdad?
Me encantaba hacerte reír
Estar contigo
Hablar
Ayudarte con las cosas de clase...

Nunca lo entenderé
Seguramente le doy demasiada importancia
Y lo cierto es que no hubo amor
Sólo hubo una relación extraña
Pero es un recuerdo dulce.
Nunca hubo amor
o nunca lo quise admitir.
Tampoco hubo un final feliz.
Fue todo muy extraño.
Supongo que no te acordarás de estos detalles.
Supongo que no leerás estas palabras sin sentido.
Y si las leyeras puede
Que no te dieses por aludida;
pero yo sé para quién van dirigidas
Y qué bonito recuerdo.

Pas vrais?

Por fin

Por fin
Este es nuestro momento
Este momento es nuestro
Un bonito  recuerdo que nunca se irá
Toda una eternidad para disfrutar
este momento.
Mis manos temblorosas desabotonaban tu camisa blanca
Mientras tu me quitabas la camiseta
Ensimismado
Contemplé tu desnudez
Tu largo pelo castaño
Suelto
caía por tu cálida espalda
Atraje tus blancas caderas hacia mí.
Y te besé el cuello
Entonces mi mirada se encontró con la tuya
Y tus labios rojos me sonrieron
Por fin



Incendio

Cuando nuestros cuerpos se rocen, arderá la chispa de la pasión
como dos cantos rodados chocándose,
como El beso de klimt,
 Y se extenderá con nuestras manos impacientes, agotándose la mecha.
 Y nuestras bocas anhelantes acabarán explosionando.
 Entonces ni el más poderoso dios ni el más fuerte diluvio sofocará el incendio.


Levitación

   A sus oídos llegaba el fresco romper de las olas. El suave viento se colaba inquieto en la habitación por entre las cortinas. Un extraño fulgor helado iluminaba la estancia, una luminosidad azul... Se oían tristes las notas de un piano, lejanas. No podían dejar de mirarse el uno al otro, con sorpresa, con familiaridad, con frialdad. Había perdido la noción del tiempo, pero daba igual. Aunque todo estaba oscuras, podía verla perfectamente, tal y como la había imaginado desde que se fue para no volver. La luna oteaba desde lo alto, no quería perderse ni un movimiento, ni una mirada. Olor a jazmín. Se observaban desde la distancia, con una extraña sensación de incertidumbre, y a la vez levitando, como si entre las nubes se encontrasen. Las luces y las sombras jugaban en ellos, caprichosas, cual ninfas bañándose en las frondosas profundidades de un bosque.
   No encontraba palabras para explicar sus sentimientos, que eran muchos y a la vez muy intensos. Inesperado llegó el sol, también interesado en lo que ocurría en la antigua y solitaria habitación de mármol en las paredes y óleos en los suelos. Con sus alargados dedos dorados nacieron sentimientos nuevos. El calor invadió su corazón. Ahora podía verla mejor. Entonces, tras hundirse desesperado en su mirada de catarata como un suicida en una azotea, comprendió.

- Te he echado de menos.-Consiguió decir al fin. Ella no dijo nada, sólo le tendió una mano. Y él no vaciló en juntarse con ella para no soltarla... jamás.


Lluvia

La violenta tormenta nos
 sorprendió riendo.
Corríamos juntos,
tú por delante,
yo persiguiendo tu falda.
Al fin te alcancé y
atraje tu cintura hacia mí.
Besos calientes,
caricias húmedas.
Parecía que el tiempo
no pasara
y ya había anochecido.
Era septiembre pero
nos parecía primavera.
Quizá no importa
la época
Quizá no importa
el lugar
Quizá contigo
siempre sea primavera
siempre esté en flor
en mi interior.
Quizá tú
y sólo tú
sacas de mí
lo mejor.
Quizá tú
seas lo mejor
para mí.

La fiesta

                Los vapores del alcohol que antes tenía su cabeza se habían disipado. No sabía cómo había sido capaz de hacerlo. ¿En qué se había convertido? Pero lo había hecho y ya era imposible cambiarlo. Sólo quería correr, correr y no volver nunca más. Hacía frío esa madrugada en que las sombras parecían ocultar lo más oscuro de su alma. No pensaba en nada, pero ¿cómo había sido capaz de hacerlo...?

                Al mostrarse la Aurora temprana de dedos de rosa, el criminal paseaba por las desérticas calles, un torbellino de locura en su cabeza. De vez en cuando se preguntaba qué lo llevó a hacerlo, en el peligro que corría, en su suerte... Pensaba en su padre, allá en el cielo. ¿Qué pensaría de él después de esto? En tan sórdidos pensamientos se hallaba cuando una visión vino a ponerlo alerta: un coche de policía pasaba por allí. El vil tuvo el tiempo suficiente para esconderse en una esquina y pasar inadvertido. Cuando su corazón se hubo calmado un poco, retomó su camino hacia ninguna parte. Zascandileó por la ciudad que poco a poco iba despertándose y llenándose de vida, aún perezosa, ante su mirada perdida.
                Todavía no sabía por qué hizo aquello... Pero ¿qué era aquello? Tenía lagunas, las imágenes que recordaba eran difusas... Recordó la fiesta; recordó a los invitados; recordó el tabaco, la mezcla de bebidas... la cara horrorizada de su mejor amigo...los gritos... Un disparo, dos... sangre... Recordó la ventana abierta y la inmensidad de la noche... los pasos que bajaban presurosos las escaleras, la caída...
                Entró en un bar y pidió un café solo mientras ojeaba la prensa. Nada. Estaba intranquilo, nervioso. Se sentó en la parte más oscura del bar mientras reorganizaba sus pensamientos. Entonces lo recordó todo. Su mujer, su mejor amigo, los celos que comían sus entrañas... y la pistola en aquel cajón. Dejó unas monedas en la mesa y se precipitó fuera de aquel antro, alejándose de todo. Buscó un taxi y ordenó al conductor que lo llevase a un pueblo cualquiera. Reflexionó sobre la velada anterior mientras contemplaba pasar las formas del paisaje. Cuando llegó a su destino, pagó y se apeó del coche. ¿Qué diablos hacía allí? Fue a dar un paseo mientras recuperaba el control sobre sí mismo. Después entró en la iglesia del pueblo y contempló el dorado retablo. Mecánicamente se santiguó y entró en el confesionario guiado por su conciencia. Estaba vacío.

                Al día siguiente volvió a la ciudad. Su rostro aparecía en todas las portadas. Aún no sabía bien lo que estaba haciendo mientras paseaba cuando fue a la comisaría.