En cualquier lugar del mundo

Hemos estado en mil sitios.
Corriendo las calles de Madrid en moto,
o unas pocas en Barcelona para ahorrarnos una cuesta,
en una hermosa playa en Holbox bebiendo vodka de tamarindo con gaviotas sobre nuestras cabezas,
perdidos en el cabo más occidental de Europa sin poder volver a casa,
cenando en lo alto de un rascacielos,
volviendo a oscuras de una cascada a través de un bosque,
en parques, cuevas, palacios, iglesias, atardeceres,
en alguna isla (muy pronto serán más),
en óperas, conciertos, festivales,
en minas, en bosques, en playas,
en miles de pueblos,
cientos de castillos,
decenas de bodegas,
bajo la lluvia, la nieve, el sol abrasador,
nos hemos quedado encerrados en un museo,
hemos peleado con nieve,
hemos acampado,
hemos dormido en el coche,
hemos hecho decenas de mudanzas,
hemos vivido juntos en tres países,
hemos recorrido medio mundo y aún nos queda otro medio.
Y a pesar de todo,
sé que lo verdaderamente importante no es el lugar,
sino la compañía.
tú eres mi hogar,
tú eres mi mitad,
tú eres mi vida.
Por eso, lo tengo claro:
en cualquier lugar del mundo,
pero a tu lado.

Este anillo que dentro de un corcho te di

Este anillo que dentro de un corcho te di
no quiero quitármelo nunca.
Conmigo irá a todas partes, y así
vendrás tú siempre conmigo.
Siempre en mi mano izquierda, en espera
de moverlo a la derecha,
allá donde vaya.
En el trabajo, en la playa, dando un paseo,
durmiendo pensando en ti,
soñándote.
No me pienso separar de este anillo
así como no me pienso separar de ti.
Sólo en una ocasión me permitiré quitármelo, y será
en la cama junto a ti, cuando no sea necesario,
cuando estemos el uno con el otro,
abrazos tiernamente,
dormidos,
pecando.
Sólo entonces nuestras manos,
desnudas de la plata,
se podrán entrelazar, con firmeza
pero con dulzura, seguras y confiadas
de que el lazo será para siempre.

 

 



 

Como cada verano


Hoy os presento, a menos de tres meses de cumplir cinco años, mi primera (y, por el momento, única) novela: Como cada verano. Durante este tiempo la he compartido con familiares y amigos interesados, pero ahora quiero compartirla con todos vosotros, en formato pdf, epub y MOBI, y con un elenco de personajes que ayudará a seguir el hilo. Espero que la disfrutéis.


Enlace a la carpeta:

https://drive.google.com/drive/folders/1Ca5kDREuxgacCthLFvDj7NpHFqUn7_qf?usp=sharing



La voz de la inspiración

Llega cuando no tengo preocupaciones en mente,
cuando no tengo nada que hacer.
O, más bien, cuando tengo que dormir.
Se manifiesta con palabras que
aparecen tras la detonación de sendos fuegos artificiales.
Es la voz de la inspiración.
Cuando ella viene, reclama para sí
toda mi atención.
Ya dormiré cuando escriba lo que me dice.
A veces la rehuyo, o lo intento;
pero cuanto más fuerte la esquivo,
con más ímpetu brillan sus palabras en
mi cabeza.
Es imposible escapar. ¿Y por qué hacerlo?
Finalmente se apodera de mi voluntad,
guía mi pensamiento y
mueve mis dedos sobre el teclado.
A veces dubitativa,
otras con seguridad.
Si el hilo de luces, colores y truenos se
corta,
se hace la oscuridad por un instante.
Pero no es la oscuridad anterior a su llegada.
Es la oscuridad de un pozo del que intenta escapar.
Si no lo consigue, casi nunca es grave:
el agua fluye por otro cauce y el texto continúa, con un espacio
en blanco.
El sueño presiona: ya acabarás mañana.
Es inútil.
Ella no se marcha hasta quedar satisfecha.
Y es en ese momento cuando vuelve la tranquilidad, dichosa por
su visita una vez más, contenta con el resultado.
Ahora sí, ya está listo,
ha llegado el momento de poner el punto
final.

Adiós, querido hogar

Hoy ha llegado el día de despedir un hogar. La casa donde he vivido prácticamente todos mis momentos junto a mis abuelos, reencuentros familiares en Nochebuena y Navidad, el confinamiento con mi padre, el primer hogar para mi pareja y para mí...
Echaré de menos el viejo sofá donde todos los días me sentaba con mi abuelo y mi padre,
la mesa de comedor llena de fotos de familiares,
las ventanas que no daban a la calle pero dejaban ver lindos atardeceres.
Echaré de menos las partidas de cartas después de comer,
así como las noches de fiesta en que volvía tan tarde, cuidando de no despertar a nadie
(sobre todo a mi abuela, que tenía el sueño muy ligero),
y las mañanas de resaca antes de ir a clase.
Belén y yo echaremos de menos tu luminosidad,
tu cocina, donde experimentamos tantas recetas,
tu balcón, donde salíamos a comer,
una casa, en fin, donde habitar juntos.
Puede que hasta echemos de menos tu kilométrico pasillo,
el frío en invierno y el calor en verano,
los vecinos,
las vueltas y vueltas para aparcar.
Hace días que la casa no es más que la sombra de lo que fue, vacía, sin más mobiliario que polvo y sin más compañía que el eco. Ya no quedan todos los armarios con los enseres y pequeñas posesiones de mis abuelos. Ya no hay sofá, ni cama, ni nada; pero aun así no puedo dejar de pensar en todo lo que estas paredes han visto. Bajo sus altos techos quedarán los recuerdos de tantos momentos de nuestras vidas, con sus venturas y desventuras.
Pero ya es hora de decir adiós. Doy un último vistazo al pasillo desnudo antes de cerrar la puerta tras de mí, y con ella una etapa de mi vida.

Una vida contigo

Cuanto más pasa el tiempo, mayores ansias tengo de vivir.
Quiero trabajar, cocinar, amar.
Quiero aprender, beber y comer.
Quiero reír, salir y divertirme.
Quiero amor y sabor.
Quiero probar, cantar y bailar.
Quiero conocer y querer.
Quiero construir y escribir.
Quiero rodar, volar, viajar.
Quiero leer y comprender.
Quiero sentir, quiero vivir.
Y también quiero gente a mi lado con quien compartirlo.
Tú eres mi acompañante,
y es tu sonrisa lo que quiero cada mañana,
y tu abrazo al final del día.
Quiero subir al monte y bajar a la playa,
descubrir pueblos y ciudades y
quedarnos el día entero en casa.
Quiero verte evolucionar, crecer,
y siempre apoyarte,
y siempre adorarte.
Quiero planear, soñar y realizar nuestro futuro...
Resumiendo: quiero hacer siempre lo que ya hacemos.
Quiero una vida contigo.

Noche de vendaval

El viento azota la ciudad,
sibilante,
y no me deja dormir.
Golpea fachadas y persianas
y entra en mi cabeza.
No logro conciliar el sueño pues
por mi mente pasan decenas de imágenes de experiencias pasadas.
Nombres que no recuerdo, personas, lugares,
vivencias.
Todo se me antoja lejano,
todo inasible.
No soy capaz de agarrar las ideas de ese pasado en que fui feliz.
¿Tanto tiempo ha pasado?
Y mientras tanto el viento suena, violento,
dejándome pensativo, descolocado.
¿Dónde está toda esa gente?
¿Qué fue de esos bellos momentos?
Siento desconsuelo, intranquilidad.
El feroz vendaval me desapacigua y
no me da tregua ni descanso.
La certeza de que el tiempo pasa y pesa sobre mí,
de que me encuentro mayor,
y tengo menos brío.
Pero ¿no estaré exagerando un poco?
El sonido funesto que me inquieta
fustiga mi conciencia
y corta mis pensamientos.
Un viento terrible, sobrecogedor,
silbando tras cada artista,
que hace bailar a las finas ventanas,
me hiela el espíritu y me encoge el pecho.
La noche se me antoja tan vacía y solitaria,
llena de incertidumbre y desasosiego.
Si me inquieta de esta manera el silbo,
ya sea rumor, ya bramido,
¡qué noches de penuria
debieron pasar los conquistadores de Tenochtitlán,
cuando noche tras noche,
desde lo más alto del templo mayor,
donde habían visto caer a sus compañeros,
sacrificados,
sus enemigos hacían sonar silbatos con sonido horrendo, mortal!
Mis pensamientos divagan anárquicamente
como la propia ventisca,
y pienso:
¿me será tan sencillo olvidar lo que estoy viviendo hoy?
Finalmente el viento arrecia,
mi cuerpo se destensa,
mis músculos se relajan
y mi mente se calma hasta
quedarme dormido.